Siento que voy tarde (pero ¿tarde a qué?)

Persona caminando sola con prisa por la ciudad al atardecer, simbolizando la sensación de ir tarde en la vida

Hay algo que creo que influye mucho en esta sensación de ir tarde, y son las redes sociales.

Porque aunque no lo parezca, generan una especie de urgencia constante.
Como si todo el mundo estuviese avanzando más rápido que tú.

A mí me pasó.

Tenia el pensamiento que me decía, siento que voy tarde, pero no lograba saber a qué.

Con 18 años empecé a consumir mucho contenido sobre emprendimiento. Veía a gente que ya había conseguido cosas, algunos incluso con mi edad o menos, y no podía evitar pensar que yo iba tarde. Que no estaba haciendo suficiente. Que se me estaba escapando algo.

Y claro, cuando estás ahí dentro, todo parece normal.
Pero no lo es.

Incluso a día de hoy me pasa, pero logro controlar ese pensamiento. Ya hable de esto en otro articulo de la presión que tienen los jovenes con 20 años.

Es como pensar que todos pueden ser como Lamine Yamal.
Por eso sorprende tanto cuando alguien es tan joven y ya ha llegado tan lejos. Porque no es lo habitual.

El problema es que, sin darte cuenta, empiezas a compararte con excepciones como si fueran la norma.

Y eso distorsiona completamente tu percepción.


También pasa en otros ámbitos.

Si ves que un amigo se casa con 20 años y tú con 27 no tienes pareja, es fácil sentir que deberías hacer algo al respecto. Como si estuvieses llegando tarde otra vez.

Pero esa prisa es peligrosa.

Porque cuando haces las cosas desde la urgencia, dejas de elegir bien.
Empiezas a aceptar cosas que antes no aceptarías, solo por no quedarte atrás.

Y eso, muchas veces, acaba peor.


Con las redes sociales pasa algo más.

Tendemos a creernos lo que vemos, aunque sepamos que no es del todo real.

La gente que se va a vivir al otro lado del mundo, que parece que tiene una vida increíble… no está enseñando todo. Están enseñando la parte que interesa. La que llama la atención.

Porque al final, si no te conocen, a la mayoría de personas no les interesa si has tenido un mal día. Les interesa lo llamativo, lo diferente, lo que engancha.

Y eso es lo que se muestra.


Pero aquí también hay algo interesante.

Si algo te llama la atención, no es casualidad.

Si ves cierto tipo de vida, cierto camino, y sientes curiosidad… quizá ahí hay algo que te interesa de verdad.

No para copiarlo, ni para idealizarlo, sino para entenderte mejor.


Al final, creo que muchas veces no vamos tarde.

Vamos demasiado rápido.

Nos adelantamos, nos metemos prisa, y terminamos cometiendo errores que podríamos haber evitado.

Y sí, equivocarse es parte del proceso. Es necesario.

Pero también hay que saber elegir qué errores cometer.

Porque hay algunos que enseñan…
y otros que te rompen por dentro.


Por eso, cada cosa a su tiempo.

Aunque a veces cueste verlo.

Porque cuando estás dentro de esa sensación, todo parece urgente. Todo parece importante ahora. Como si no pudieses permitirte ir más despacio.

Pero la realidad es que muchas cosas necesitan tiempo.
Tiempo para entenderlas, para elegir bien, para no equivocarte por prisa.

Y no pasa nada por no estar donde otros están.

No pasa nada por no tenerlo todo claro todavía.

No pasa nada por ir más lento.


De hecho, muchas veces, ir más lento es lo que te permite llegar mejor.

Sin forzarte. Sin compararte constantemente. Sin tomar decisiones desde el miedo a quedarte atrás.


Igual no se trata de correr más.

Igual se trata de dejar de mirar tanto al lado.


Porque cuando dejas de compararte, algo cambia.

La presión baja.
La urgencia desaparece un poco.
Y empiezas a tomar decisiones más tuyas.

Más tranquilas. Más conscientes.


Y ahí es cuando te das cuenta de algo.

Que igual no ibas tarde.

Que igual simplemente estabas siguiendo un ritmo que no era el tuyo.

Y cuando vuelves a tu propio ritmo, todo encaja un poco más.

Aunque no sea perfecto. Aunque no esté todo claro.

Pero al menos, es tu camino.


Y también hay algo importante que a veces se dice muy a la ligera.

Eso de que “hay que equivocarse”.

Y sí, es verdad.
Equivocarse forma parte del proceso. Es necesario para aprender, para crecer, para entender mejor las cosas.

Pero no todos los errores son iguales.

Hay errores que enseñan.
Y hay errores que te rompen por dentro.

Hay errores que puedes corregir.
Y otros que no son tan fáciles de deshacer.

Por eso, no se trata de lanzarse a lo loco solo por sentir que estás haciendo algo.
También se trata de elegir bien en qué te la juegas.

Y de no volver a cometer los mismos errores otra vez.


Supongo que, al final, todo esto va de lo mismo.

De aprender a ir a tu ritmo.
De no creerte todo lo que ves.
De no dejar que la prisa decida por ti.


Y si ahora mismo sientes que vas tarde…

igual no es eso.

Igual simplemente estás en un punto distinto del camino.


Gracias por llegar hasta aquí.

Si te has sentido identificado con esto, me gustaría mucho leerte.
¿Te pasa también esa sensación de ir tarde?
¿Crees que las redes sociales influyen en cómo percibes tu propio ritmo?

Te leo en comentarios 👇

1 comentario en “Siento que voy tarde (pero ¿tarde a qué?)”

  1. Pingback: El poder del ahora: opinión honesta del libro de Eckhart Tolle

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio